El marketing personal:
¿Qué es?
El hecho de venderse a uno mismo no
tiene grandes secretos: hay que conocer el 'producto' y mostrarlo a los demás
presentando su mejor cara. No se trata de mentir, sino de resaltar nuestros
puntos fuertes en los procesos de selección de personal.
Lo difícil es conseguir un buen
resultado en cada una de las fases, ya que es casi un arte que requiere cierta
práctica. Pero hay muchas estrategias que te ayudarán, aunque antes de empezar
con ellas es mejor que reflexiones sobre:
Lo que puedes ofrecer a las
empresas: conocimientos, experiencia, habilidades personales.
Tu proyecto profesional: qué te
gusta hacer y qué detestas, en qué tipo de empresas o sectores te interesa
trabajar y en qué condiciones. Mucha gente fracasa en la búsqueda de empleo
porque empieza a enviar currículos sin saber realmente lo que quiere.
Cuando tengas claro qué puedes
ofrecer y qué objetivo persigues, debes estudiar el mercado para ver lo que
hay: sectores con más oferta de empleo, qué piden las empresas, qué salarios
ofrecen, etc.
Toda esta información te servirá
para preparar un plan de acción personalizado. Quizá tengas que empezar por
mejorar tu formación, o tal vez no te haga falta. En este caso, preocúpate de
redactar un buen currículo y una carta de presentación, busca ofertas en todas
las fuentes posibles y activa tu red de contactos.
La comunicación persuasiva
Una vez empieces a buscar empleo,
debes saber que las estrategias del marketing personal te pueden ser muy
útiles. La comunicación persuasiva es la más importante. Su objetivo no es
manipular, sino facilitar el diálogo con los demás y conocer qué quiere de
nosotros el experto en selección. Para ponerla en práctica deberás:
Escuchar activamente: hay que
prestar mucha atención a lo que afirma y pregunta el entrevistador y saber
interpretarlo: qué quiere de mí, qué necesita�
Hay personas que no escuchan al interlocutor porque se distraen preparando lo
que van a decir.
Analizar el meta modelo de
lenguaje: consiste en estudiar cómo se expresa el entrevistador. Qué palabras
utiliza repetidamente, en qué ideas insiste, qué tipo de preguntas hace... Eso
nos ayudará a deducir lo que realmente le importa (las personas, los resultados
económicos, el trabajo bien hecho). Este análisis requiere práctica, pero con
el tiempo es muy eficaz.
Utilizar la técnica del acompesamiento:
aquí además de observar hay que copiar. Deberemos imitar con tacto (nunca debe
parecer una burla) los movimientos, la gesticulación y el tono de voz del
entrevistador. El objetivo es alinearnos con su estilo de comunicación. Con
esto no conseguiremos el empleo, pero por lo menos no lo perderemos por ser
torpes en el diálogo.
Observar el entorno: los minutos de
espera en la recepción de la empresa o en el despacho del entrevistador pueden
aportarnos información interesante. La decoración, la edad y la forma de vestir
del personal, los libros, las revistas o el periódico que el seleccionador
tiene sobre la mesa dicen mucho de él. Hay que interpretar todo esto, pero sin
dar nada por sentado, sólo tenemos indicios.
Construir nuestra propia imagen
La comunicación persuasiva es la
base del marketing personal, pero para que funcione debe formar parte de una
estrategia para construir nuestra propia imagen. Eso significa presentarnos a
los demás de una determinada manera, aunque sin intentar engañarles ni 'cambiar
nuestra personalidad'.
La imagen se crea a partir de todos
los elementos de comunicación que nos rodean: cómo vestimos, hablamos, miramos,
escribimos, gesticulamos y actuamos. Todo esto se debe combinar de forma
coherente. Hay que evitar errores del tipo:
Vender una imagen de persona seria
y responsable y llegar tarde a la entrevista de selección. Estaremos
demostrando que somos desorganizados.
Decir que nuestro punto fuerte es
el trato con los clientes y luego enviarles un mail en tono coloquial y con
faltas de ortografía.
Tampoco tendría sentido que
destacáramos nuestra gran autoconfianza y mientras lo hacemos no estemos
mirando al entrevistador a los ojos.
La propia imagen se construye poco
a poco, pero empieza con los detalles y por mucho que la cuidemos, si no somos
naturales, sinceros y respetuosos con nuestros interlocutores, nunca nos
tomarán en serio. Sólo la gente 'sanamente ambiciosa' puede obtener resultados
éticos y duraderos cuando se vende a sí misma.